¿Volvemos al “Nacional Catolicismo”?

Quienes tratan de promover la religión por decreto o no se han enterado o su soberbia les impide ver que los que fuimos educados de esta forma somos los más desafectos a la iglesia católica. La fe no se promueve por imposición. No se trata de vencer sino de convencer y, la mejor manera, es predicar con el ejemplo. Ser católico practicante no consiste en cumplir con los ritos establecidos sino vivir de acuerdo a las enseñanzas de los evangelios; ¿acaso no dicen estos: “Por sus obras los conoceréis”? Pues creo que no es esto lo que nos muestran.

He conocido unos cuantos católicos verdaderos, raras avis entre los suyos, pondré dos ejemplos:

El primero un sacerdote examinador del Instituto de Aranjuez, poco después de su inauguración yo me examinaba allí de bachiller por libre y cuando llegamos al examen de su asignatura nos dijo a los examinandos que el no creía que la religión debiera ser materia de examen y que por tanto podíamos darnos todos por aprobados y en lugar de un típico examen nos planteó un coloquio debate sobre las distintas religiones.

El segundo: Una profesora de preescolar de mis hijos. Me explicó que ella no hacía rezar a los niños en clase. “El que es católico practicante ya viene rezado de casa y el que no, ¿de que sirve que yo le obligue a rezar aquí?, las creencias no se imponen deben ser una práctica familiar.

Creo que la propia iglesia católica es la que más ha favorecido el crecimiento y expansión de otras religiones por el abuso de poder y despotismo.

¿Acaso el próximo paso de estas mentes preclaras que nos gobiernan será restablecer la inquisición? Si no lo hacen no será por falta de ganas…

Espero que quienes están más preparados para ello recurran y denuncien esta ley por inconstucional y por el agravio a otras creencias.

Ahora es cuando me planteo seriamente apostatar, y sé que no soy la única. Si no lo he hecho antes es porque sé de las trabas que la “Santa Iglesia Católica Española” pone para no perder no ya a un fiel sino a un cliente, sí, porque los ingresos que la iglesia percibe del estado depende del número de personas incritas en sus registros y ya sabemos que cuantos nacimos desde la posguerra hasta la transición debíamos ser bautizados obligatoriamente. Aún recuerdo que en los colegios, para inscribir a un alumno, había que presentar la partida de bautismo. En la cifra de inscrtos en sus registros se basan para decir que en España la gran mayoría somos católicos.

No quiero que mis nietos reciban la misma educación arcaica que yo tuve. Segregación por sexo, como si en la la familia y en la vida no existiera y fuese necesaria una perfecta convivencia. En este sentido el paso siguiente es enseñarles distintas materias, a las niñas menos ciencias y en su lugar: labores y “hogar” o, más rimbombante “economía domestica” y hasta podrían llegar a impartirles puericultura… No es exageración, aun conservo la enciclopedia de aquellos tiempos. Y, a ambos sexos, además del catecismo católico podrían llegar a imponer el de falange, llamado eufemísticamente “Formación del espíritu nacional”.

Quisiera que mis nietos pudieran tener al menos la formación que se consiguió para sus padres.

¿Cuántas vueltas de tuerca y pasos atrás vamos a consentir?

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